El tenis moderno avanza a un ritmo vertiginoso, marcado por la potencia física y la velocidad extrema de la pelota.
Y en medio de esta incesante evolución, el revés una mano, uno de los golpes más estéticos, elegantes y emblemáticos de la historia del deporte se encuentra al borde de la erradicación en la alta competición.
Durante la antesala del US Open de 2026, la leyenda suiza Roger Federer abordó esta problemática con una mezcla de realismo periodístico y nostalgia deportiva, ofreciendo un diagnóstico preciso sobre por qué este recurso técnico ha desaparecido de forma alarmante de los primeros lugares del ranking ATP.
Federer, poseedor de uno de los reveses a una mano más icónicos, letales y reverenciados que ha visto el tenis, no eludió el debate cuando la prensa le consultó sobre la crisis innegable de este golpe.
"La inmediatez está matando el arte", dijo. "Tal vez por eso voy a entrenar esta tarde con Musetti, ¡para asegurarme de que esté preparado y darle algo de sabiduría!", comentó el suizo en tono distendido. El italiano es uno de los pocos tenistas que aún tienen el revés a una mano dentro de su repertorio de golpes.
En febrero de 2024, el tenis experimentó un hito histórico sin precedentes: por primera vez desde que se instauró el sistema computarizado de la ATP en agosto de 1973, el codiciado top 10 del ranking mundial se quedó sin un solo jugador que utilizara el revés a una mano.
Este bloqueo sistémico se ha mantenido y agravado. Aunque figuras como el griego Stefanos Tsitsipas o el incombustible búlgaro Grigor Dimitrov intentan mantener viva la llama, la realidad es que el circuito está totalmente monopolizado por los jugadores de revés a dos manos, quienes dominan abrumadoramente las rondas definitivas de los torneos grandes.
Hoy en día, golpear de revés con una sola mano es una anomalía estadística que apenas cuenta con un puñado de representantes dentro del top 100 mundial.
El diagnóstico de Roger Federer sobre esta desaparición va más allá de la pista y apunta directamente a las academias y a las estructuras de formación base. Según el suizo, el primer gran obstáculo estructural es el relevo generacional del cuerpo técnico. "Cuando yo crecía, diría que el noventa por ciento de mis entrenadores jugaban a una mano. Creo que cuando tu entrenador es un jugador de una mano, lo más probable es que tú también lo seas", argumentó.
En la actualidad, la inmensa mayoría de los técnicos formativos crecieron en la era moderna del revés a dos manos, por lo que resulta más sencillo e intuitivo enseñar ese mismo gesto a los niños.
Federer confesó haber vivido esta complejidad pedagógica dentro de su propia familia.
Uno de sus hijos se encuentra en pleno proceso de transición, intentando cambiar el revés a dos manos por uno a una mano, lo que le ha permitido al campeón observar la tremenda dificultad biomecánica que esto implica para un infante.
"Veo lo difícil que es para él golpear y controlarlo. Con el tiempo consigues el control, pero lleva tiempo", relató. En un deporte hipercompetitivo donde los talentos juveniles necesitan ganar torneos rápidamente para atraer patrocinios, esa curva de aprendizaje resulta inaceptable. "Hoy en día no tenemos tiempo; todo tiene que ocurrir inmediatamente", sentenció.
Finalmente, en el plano estrictamente estratégico, Federer identificó un cambio radical en los patrones tácticos y geométricos del circuito ATP. Durante su juventud, la dinámica del juego se repartía equitativamente.
"Antes, solía hacer un 50/50 entre voleas, juego en la red y juego de fondo de pista", recordó el suizo.
Hoy, gracias a la ralentización de las superficies y a la tecnología de los cordajes de poliéster, esa proporción ha mutado hacia un 90/10 a favor de los largos e implacables intercambios desde la línea de fondo.
En este territorio dominado por el asedio físico y las pelotas cargadas de un violento efecto liftado, el revés a dos manos ofrece una estabilidad defensiva infinitamente superior, permitiendo a los tenistas absorber impactos monumentales en posiciones forzadas de piernas abiertas.
Aunque su cálida sesión de entrenamiento con Lorenzo Musetti supone un acto de resistencia, la tendencia matemática es clara y el revés a una mano es hoy una preciada reliquia en el tenis de élite, una técnica de nicho destinada a sobrevivir únicamente en las raquetas de unos pocos elegidos.

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